dissabte, 2 d’abril de 2016

2599-CRUZADA SECTARIA DEL NACIONALISMO CONTRA EL ESPAÑOL

HACE MUCHO tiempo que en algunos círculos de Cataluña los disparates y las diatribas sectarias han sustituido a la sensatez y a la inteligencia en el debate público. Muy lejos ya queda el célebre seny. Pero algunos parece que se entrenan a fon­do para ganar el concurso de necedades. Así, un puñado de filólogos, profesores y escritores aca­ba de presentar un manifiesto a favor del catalán como «única lengua oficial en Cataluña». La pla­taforma pretende poner su granito de arena en el proceso de desconexión de España y arremete contra la coalición gobernante independentista, Junts pel Sí, a la que tacha de «paternalista» por no atreverse a proscribir la lengua de Cervantes.
Los sesudos filólogos justifican su burricie di­ciendo que las únicas lenguas propias de Catalu­ña son el catalán, la lengua de signos en catalán y el occitano. Al castellano y al francés los despa­chan como «lenguas vecinas». Y dado que, según denuncian, «el bilingüismo mata» y los catalanes están sometidos a un proceso «de bilingüización forzosa» para implantar el castellano, reclaman que se corte cuanto antes por lo sano.
Es de agradecer a Salvador Cardús, Viceng Villatoro o Josep Lluís Carod-Rovira -el ex líder de ERC- al parecer es toda una eminencia lingüística que de pronto nos hayan sacado a todos de la su­pina ignorancia, empezando por sus propios con­ciudadanos. Porque hay que admitir con humil­dad que desconocíamos que el occitano -esa len­gua tan respetable como cualquiera, que apenas hablan hoy varios miles de catalanes en Vall d'Aran- fuera una de las lenguas propias del anti­guo Principado y que, en cambio, el español sólo sea tai idioma de los invasores vecinos. Lo de me­nos es que prácticamente el 100% de los 7,5 millo­nes de catalanes hablen y entiendan perfectamen­te la lengua de Lorca, Neruda o García Márquez. Que sea la lengua materna de más de la mitad de la población. Que en el uso cotidiano, el 49% de los ciudadanos lo use de forma preferente, frente al 31,9% que hace lo propio con el catalán -junto a un 15% que se relaciona en ambos idiomas por igual-. Da lo mismo. Para estos prohombres de la futura república independiente, que tienen una in­sufrible visión totalitaria, sectaria y excluyente de la lengua, sería más conveniente que el  Govern decretara una inmersión obligatoria para que to­dos los catalanes aprendieran el occitano, antes que admitir la extraordinaria riqueza que supone tener como una de sus lenguas propias un idioma que hoy compartimos 500 millones de hispanoha­blantes en todo el planeta.
Aseguraba la vicepresidenta del Ateneu Barce­lonés que «probablemente el Manifiesto no le ha­ga gracia a Junts pel Sí». A los líderes de Con­vergencia y ERC no sabemos si les provocará el llanto. Pero a cualquier ciudadano, de Badalona o de Soria, con un mínimo de sensatez, este panfle­to no le puede despertar otra cosa que no sea la ri­sa. Y cabría tomárselo a broma si no fuera porque la realidad es que las autoridades de Cataluña ha­ce mucho tiempo que ponen trabas, por ejemplo, al derecho constitucional de poder escolarizar en castellano. Y las políticas de la Generalitat para imponer el catalán como lengua exclusiva en ám­bitos oficiales ya denigran el idioma que compar­ten con todos los españoles. Por eso este Manifies­to, que hoy es un mal chiste, podría ser cosa muy seria si alguna vez Cataluña se desconectara.


Tret d’un diari del altiplà

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